18 oct. 2010

Amanda Portales “la novia del Perú” es nuestra belleza andina de la semana

“Tengo nada menos que cuarenta años cantándole al pueblo –dice–. Cuando me subo al escenario, no soy la radiola que canta y canta, sino desde allí, como lo hacían mis viejos maestros de nuestro folclor, busco ilustrar a mi público de lo que escucha y baila”.
Amanda Portales empezó a cantar huainos y mulizas hace cuarenta años, cuando aún era una niña y tuvo que contar con autorización de un juez de menores para subirse a un escenario.
Había nacido y crecido escuchando música andina. En su casa había guitarras, violines y vestuarios de artistas. Sucede que su madre es una reconocida artista: la gran Irene del Centro, y su padre, Lucio Portales, un popular músico, director de banda y orquesta.
La pequeña, como sus hermanos, continuó con la tradición de interpretar canciones del Perú profundo.
Pero aquí un detalle. Amanda Portales, quien hace bailar al Perú con los populares Pío pío y Vaso de cristal, no es de Jauja ni de Tarma ni de otro pueblo de la sierra. Ella es limeña.

“Nacimos en Lima –comenta la artista–, pero fuimos criados con las costumbres de la sierra. En mi casa no solo se escuchaba y bailaba huainos, sino también se comía platos típicos. Yo siempre he dicho, soy limeña mazomorrera, pero más serrana que la papa”.
“Antes –cuenta–, había más compañías que solistas. Ahora, en cada esquina encuentras un cantante. Antes había que calificar para subirse a un escenario. Había conciencia, había respeto a los temas, a los maestros, al público”.
Narra que no era fácil ser cantante. Ella tuvo que someterse a los rigores de un jurado de la Casa de la Cultura, hoy Instituto Nacional de Cultura. Uno de sus jurados fue el maestro charanguista Jaime Guardia.
“Así, a los seis años, obtuve mi carnet 057 en la Casa de la Cultura”, refiere Amanda Portales.
Su destino de artista estaba marcado. Dejó atrás los estudios de secretariado y el sueño de ser un agente de la Policía de Investigaciones del Perú.
Desde sus comienzos buscó ser profesional. “En el desaparecido Coliseo Nacional había una barra selecta que en su hora estelar, que era las 7 de la noche, se convertía en un gran jurado. Mi aspiración fue llegar a ese horario estelar, y lo logré y salí airosa”, comenta la artista.






DILE









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